III

No adules a los hombres por sus obras
si quieres mantener la paz del pueblo,
ni estimes los tesoros que codician
los infelices necios,
no sea que los otros
se vuelvan como ellos.
No exhibas lo que enciende al envidioso
que ni sabe ni pudo poseerlo,
porque es para su alma una tortura
más grande y dolorosa que el Infierno.

El santo en su sapiencia
ejerce poderoso su gobierno,
llenando sus barrigas,
vaciando sus anhelos,
debilitando su ignorancia cínica,
dando fuerza a cada uno de sus huesos.

Practicando el no-hacer,
todo resulta hecho.

Lao Tsé

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